En este espacio se publicarán todos los microcuentos enviados al concurso Pro Ñ. Para ello estamos recabando el consentimiento de los autores interesados. Han sido más de trescientos y hemos iniciado las gestiones el dia 15 de este mismo mes de marzo de 2007, por lo tanto habrá que tener paciencia. La razón no ha sido otra que hasta ese mismo día no hemos podido tener operativo en la Red este original dominio multilingüe, salvando las complejidades técnicas, que como es evidente nos surgieron. Pero nuestro horizonte no sólo se limita a este concurso. De alguna manera pretendemos que este sea el portal para todo aquel que quiera potenciar y reivindicar el idioma español en Internet, tanto en sus contenidos como en los dominios. Por lo tanto todo interesado puede enviarnos su comentario, texto o relato para ser publicado. Bastará un correo-e con el mismo.                                    

PREMIADOS Y MENCIONES DEL CONCURSO PRO-Ñ:

Maribel Romero: Quiero ser yo - Frontera Quiroga: La señora respetable - Aster Navas: Primera plana - David Condes de Bethencourt: Me ñegarás tres veces>> Elvira Castro : El cuarto del fondo - Ethel Fossa Rojas: Defensa de una dama - José Tena Tejado: Mamá Ñ - María Soraya Geijo Uribe: Amigos influyentes - Antonio Blázquez Madrid: Mi compaÑera: Elena Román Torres: No ungulados - Jorge Majfud: Breve historia de un acento español - José Luis Najenson: Con EÑE - Juana Ciudad Pizarro: Destitución y Miguel Alonso: Anoche soñe

Queridas letras del abecedario...
¡ Unámonos todas ! hoy soy yo, eñe , la desterrada de este futuro algo incierto llamado Internet. Habéis pensado en lo que haría nuestra querida “ hache “ cuando algún inglés, alemán o francés despabilado sé de cuenta que ni intercalada se pronuncia.
            O cuando algún americano ( de esos que se entretienen preparando guerras ) sin querer, observe que nuestra “ q “ y nuestra “ k “ suenan igual ¿a quién sacrificarán?.
            Y vosotras amigas “ be “ y  “ uve “ , o vosotras “ y griega “ y  “ elle “ que haríais si os deciden borrar. Por eso amigas letras ¡ unámonos ya !.
            Y os pido, en señal de protesta que durante un tiempo nos pongamos todas un sombrero como el mío, para que todo el mundo sepa que, como Teruel, yo también existo. Gracias.

Yolanda Espartal


Título: Un punto común con el mundo
Siempre había querido marcharse. Nunca se sintió como en casa. Sus padres, sus amigos, su vida le asqueaba hasta la saciedad. Deseó  huir, y lo hizo. Vagó por el mundo a la búsqueda de un punto en común con éste, de un sitio para echar raíces, un sitio al que poder llamar casa. Visitó Roma, anclada en el pasado, París con sus falos de monumentos, Londres con su vestimenta impolutamente seria, Ámsterdam con el vicio en cualquier esquina, Nueva York donde se sintió pequeño y La Habana donde se sintió prisionero. Se perdió por las calles de medio mundo con el dinero robado de sus padres y sus ojos divisaron pieles de todos los colores, pero ninguna se parecía a la suya.  Cuando el dinero y las esperanzas se disolvieron en el tiempo, se sintió frustrado, irritado y malherido, furioso con el mundo y odiándolo con crudeza.
En un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera, abrió su portátil y se conectó a Internet con una banda ancha mil veces superior a la española. Se metió en un foro, para que algún seudónimo sin personalidad pudiese desvelarle dónde se encontraba su casa, cual era su hogar. Al ver  que el teclado no disponía de ñ para escribir su nacionalidad, pues era inglés, su temor se desató como un huracán y concluyó que él era la ñ perdida del teclado y formaba parte de su país de origen, al cual, no podía volver pues el orgullo era más fuerte que el dolor. Y lloró, y lloró, y su llanto no obtuvo consuelo alguno.

Autor: José Tena Tejado


Sansoñita
Quisieron afeitarme la cabeza, y yo, sin mi flequillo, no soy nadie, sin el rizo ondulado de mi pelo ya no soy Superman, sino Clark Kent. Hasta que al fin, pudieron devolvérmelo: volé otra vez, como mi capa ondula, como mi pelo vuela.

Javier Aguirre Ortiz (Bilbao)


¡Qué calaña se ha adueñado del cañaveral¡
Una mañana mientras me bañaba en un barreño, los lugareños me señalaron a la compaña de barbicastaños: el norteño, el sureño y el isleño. Encariñados de quinceañeras muñecas aniñadas se apiñaron en una ponzoñosa pero hogareña cabaña de pequeño tamaño.
Sobre un paño, por las noches arrebañaban con saña champiñones, pestiños, y lasaña aliñados con champaña hasta  apañarse una castaña y despeñarse de sueño. Ellos refunfuñaban cuando ellas hacían guiños pedigüeños de cariño ceñidas en sus corpiños y botas de mediacaña.
Un risueño ermitaño nos señaló que el del meñique con sabañón era un norteño que engañaba a monseñores diseñando artimañas y acuñando extraño estaño. El sureño con su cortaúñas roñoso apuñalaba hasta las entrañas a viñadores que hacen leña con su guadaña de viñas de valdepeñas. El isleño despeñaba por montañas o  campiñas a quien le regañaba o quien le reñía por amañar  escaños y servir de señuelo.
Ahora hay riñas y cañonazos y los marismeños plañen porque añoran el antaño sin aquellas alimañas y triquiñuelas.
¡Qué calaña se ha adueñado del cañaveral¡

Aránzazu Polo Margareto


LOS    ARAÑAZOS   DE    LA    SEÑORA   NÚÑEZ
Si un señor soñoliento elimina la Ñ de Internet, la protagonista de mi novela no sería capaz de hablar a regañadientes o enfurruñarse en el retrete. Si le conversaran de tiña, quizás se metería en la tina. El cañamazo y los pañuelos con roña no le servirían de sábana a su gallina. Le resultaría difícil apañar a la muñeca o cambiarle los pañales a su abuela. Sus criadas no le dirían doña. Tendría dificultades en sumergir la cabeza en la bañera. No cocinaría budín con pan añejo. Los vecinos se negarían a componerle los caños. Le sería imposible empinar una botella de piña colada. Sus hijos ya no comerían sus buñuelos. Dejaría de cantarle la “Malagueña” a su niña. Le sería dificultoso rasguñar a sus rivales. Sus admiradores no le regalarían pañoletas. No le sería posible pintarse las uñas o rascarle los muñones a su hermana. Sería incapaz de diferenciar una pena de una peña, un ano de un año. En las mañanas no se quedaría en cama regañando a la cacatúa.  Se vería obligada a renunciar a los coqueteos con el segador de caña. El “Ñandú” aún no se atreve a cortarle las canas.  

Francisca Rivera Pardo (Santiago de Chile)


ENIEFOBIA
La vieja edificación Abecedario fue remodelada y ahora refulge sobre la entrada principal el rótulo de Las Letras. No es fácil ingresar al Edificio, en la zona más dulce y acomodada de la ciudad Red. Sin embargo, tras los arreglos, algunos pisos quedaron sin dueñas, no volvieron jamás a ser ocupados y con los días se van pudriendo. Las inquilinas que quedan poco se dan cuenta que un piso deshabitado es un peligro para sus vidas, cayéndose poco a poco la edificación por dentro. Igual, las luces en las noches se encienden y se oyen las tonadas cuando algunas se reúnen para festejar sus nombramientos y efemérides. Un solo piso parece deshabitado, pero lo cierto es que allí habita una vieja Ñ, a quienes las demás señoras llaman sin cariño la Ñoña, aislada que “por circunfleja”, que “por creída y soberbia”. Ella se encierra, no sale ni cuando la reclaman para festejar nuevos años, ni cuando se la requiere para hacer señales o ajustar moños, ni siquiera para distinguir a España de la tela de algodón. Y no es por tenerse en mucha cosa. La verdad es que está allí, en su decimoséptimo piso, encerrada, presa de pánico al tener por cercano el día en que ya no se la nombre, porque algunas agoreras así la amenazan, y sólo quede, subrepticiamente como una nota en casos de emergencia, Alt+164 y Alt+165. Ha pensado en el suicidio arrojándose desde su ventana, ha pensado en salir y enfrentar a sus adversarios, pero sabe que al tomar su única arma se queda también sin sentido, convirtiéndose en la enie.

Luis Felipe Valencia Tamalyo


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